Jose M. Casas

Durante los días 15, 16, y 17 de Septiembre tendrá lugar en la ciudad de Mar del Plata el IV Congreso de Cultura Iberoamericana bajo un titulo que a quienes trabajamos todos los días por la cultura de la ciudad no deja de parecernos irritante e irónico: “Cultura, Política, y Participación Popular”. El congreso es también, presentado por la secretaria de cultura local como un éxito de su gestión, lo cual también pareciera ser una ironía de la vida, es el éxito de una gestión que durante años y sin importar las banderías políticas le ha dado la espalda a la cultura local. Es entonces un éxito en cuanto a posicionamiento de la ciudad como destino turístico y como sede para congresos, pero en lo que respecta a su cultura nada se podrá decir ya que la misma no forma parte de la agenda del evento.

Los actores culturales de la ciudad y territorios aledaños (Balcarce, Necochea, Tandil, Batan, Pinamar, Villa Gesell, Maipú, Dolores, Miramar, entre otros) no integran ninguna de las mesas y ponencias del Congreso. Tampoco se les ha brindado un lugar durante la organización que les permitiera plantear el temario o sus intereses. Solo una pequeña parte de ellas fue convocada de manera arbitraria –a dedo y no por convocatoria abierta– con el ánimo de dar la sensación de que el congreso se abría, pero luego de una serie de reuniones en las cuales se pidieron proyectos y se alentó a trabajar en conjunto, las propuestas recibidas fueron rechazadas junto con todo el trabajo y esfuerzo puesto en la planificación de las mismas. No se dejo entonces otro margen de participación que el de concurrir al congreso en calidad de oyentes e intentar meter alguna pregunta durante alguno de los debates. La otra opción era generar un foro propio en el cual pudiera conjugarse la riqueza de la cultura local, con esta idea nace el Contra Congreso.

 

Esta situación no ha dejado de generar desilusiones. En la ciudad la cultura es gestada en un 100% de manera independiente debido a la falta de interés que los gobiernos de turno demuestran por la cultura local, y cuando este tipo de grandes eventos aparecen el horizonte muchos se ilusionan pensando que quizás será la oportunidad de tener un lugar. Lamentablemente se repite con el congreso la historia de cada verano, donde la ciudad en lugar de aprovechar la afluencia de turismo para lanzar a sus artistas a nivel nacional, los desprograma y deja sin cartel para importar contenidos desde la ciudad capital. Mar del plata posee una dinámica perversa en la cual sus artistas son utilizados para llenar baches durante el invierno, y abandonados a su suerte durante la temporada en la cual se los desprograma y deja sin espacios.

 

Esta historia no es nueva. El gobierno municipal ha inventado un modelo de gestión cultural único. No nos encontramos con un estado que usa sus recursos para generar contenidos y ofrecerlos. Tampoco con un estado que opta por comprar esos contenidos al sector privado en lugar de producirlos. Ni mucho menos con un estado que mezcla ambas opciones produciendo un poco y comprando otro tanto. Nada de eso, el estado local usa sus recursos en sueldos para un grupo de empleados que deberían gestionar pero no lo hacen.  Ante el vacio cultural así generado, los distintos actores culturales trabajan ad-honorem para intentar que la ciudad active y se mueva –no se trata solo de heroísmo o militancia cultural, sino también de supervivencia: o la ciudad activa o hay que seguir el rumbo de tantos otros y elegir el camino del destierro–. Es entonces donde se produce el pase mágico, esos actores culturales piden la declaración de interés municipal –para ver si con ese aval logran seducir a algún sponsor que nunca aparece–, el municipio pone el logo, se saca la foto y se lleva los honores. Resumiendo: el trabajo lo ponen los artistas y gestores, y el rédito y los recursos se los llevan aquellos que deberían gestionar y no lo hacen. Para los empleados municipales se trata de un negocio redondo: el público no entendido que solo mira los diarios cree que es el municipio el que gestiona y hace.

 

Esta situación de desmanejo es tan grave que el actual intendente ha encargado al Ente Municipal de Turismo (EMTur) organizar el concurso de bandas –que se realizara con motivo del C.I.C.– ya que no puede confiar en la “no-gestión” de la Secretaria de Cultura para dicho trabajo porque se expondría a un papelón internacional. También opto –en su momento– por donar a la comunidad italiana la Vieja Usina del puerto para la creación de un Centro Cultural Italiano ya que dejar a cargo de la creación y gestión de un nuevo centro cultural a la Secretaria de Cultura solo podía terminar en un bochorno; sin embargo esa Vieja Usina estaba destinada a un centro cultural publico que fuera para toda la ciudad y no solo para un sector especifico como lo es el de la comunidad italiana. Lo mismo ha pasado con la Vieja Terminal de ómnibus, donada con cargo a la ciudad para generar un espacio cultural y con un fallido intento de convertirla en un shopping durante la gestión actual –una causa judicial paralizo justo a tiempo las licitaciones, pero dejo a dicho espacio totalmente abandonado–. Tampoco se ha sabido defender a lo largo de los años el Festival Internacional de Cine de la ciudad, el cual es manejado desde capital federal con decisiones que año a año vienen reduciéndolo en cantidad de días y películas sin que se escuche ni una queja por parte del gobierno local.

 

Es también por ello que impactan algunas de las temáticas del congreso. La cultura local se ha visto beneficiada, y ha logrado crecer, gracias a las nuevas herramientas que ha acercado internet. La posibilidad de intercambio e interconexión ha sido una de las claves para gestar redes locales, nacionales, e internacionales a través de las cuales nuestra cultura pueda circular y ser apreciada. Distintas bandas musicales que se organizan para generar sellos independientes y editar su material. Artistas visuales que se agrupan para generar eventos con convocatoria abierta internacional. Periodistas culturales que utilizan la gratuidad y los bajos costos de los medios digitales para difundir actividades culturales que para los grandes diarios no parecen rentables. Asociaciones de gestores que se animan a dar a conocer sus actividades en el mundo y a intercambiar experiencias. Cientos de nuevas opciones que se abren, son realmente caras al corazón de la cultura local, y no solo no encuentran un reflejo o guiño dentro de las temáticas del congreso, sino que al contrario encuentran amenazas como la presencia de disertantes que defienden medidas restrictivas como el Canon Digital, la Ley Sinde, y Otras. A quienes internet nos ha ayudado tanto a difundir nuestro trabajo, y a organizarnos por fuera de un estado que nos excluye, se nos hace difícil pensar en un congreso donde Creative Comons, Copy Left, y las nuevas formas de distribución y circulación de la cultura no sean uno de los temas principales de debate.

 

Es por ello que nos planteamos la necesidad de generar un espacio en el cual las experiencias de gestión de la cultura local tengan un lugar, donde se pueda intercambiar y aprender de dichas experiencias a la vez que se disfruta de sus productos y contenidos; y donde también exista un espacio libre en el cual se pueda debatir sobre ciertas temáticas por fuera del lobbie y la presión de ciertas corporaciones de defensa de derechos de autor o bajadas de línea.

 

Es por ello que la cultura local y zonal, con la colaboración de asociaciones culturales de otras ciudades, decidimos llamar a un contra congreso de cultura, para mostrar lo nuestro y poder ser parte construyendo a nuestra manera, y para poder debatir sin límites ni mordazas. Las conclusiones a las que arribemos serán publicadas al finalizar el C.C.C.